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#Nota

#Delfina Merino: Da pelea

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En apenas tres años consiguió dejar atrás la imagen de Leoncita y se posicionó como uno de los nombres fuertes del mayor. Con una corta edad hizo experiencia y se afianzó entre las infaltables a una cita de prestigio internacional, hasta que recibió su primer golpe con la no citación a las semifinales de la Liga Mundial en Londres. Tras la caída, se levantó y volvió a ser tenida en cuenta para la Copa Panamericana en Mendoza, donde le dio el gol del título a Las Leonas.

En poco tiempo desarrolló una importante trayectoria en el primer equipo nacional, lo que de alguna manera hace que cueste traer a la memoria su paso por el Junior. Su imagen está tan ligada a Las Leonas que parecen muy lejanos en el recuerdo aquellos momentos de Delfina Merino en el Sub 21. Lo curioso es que pasaron apenas tres años. De hecho, hasta ella misma se sorprende: “De pronto sentí que pertenecía a un grupo de deportistas a las cuales admiraba desde chica”.

Casi sin darse cuenta, aquella junior pasó a estar en los eventos más importantes con el primer combinado albiceleste: Champions Trophy, Copa del Mundo 2010, Juegos Panamericanos 2011 y Juegos Olímpicos 2012. Pertenecía al selecto grupo de intocables para una lista de prestigio, pero para sorpresa de muchos, fue noticia al quedar afuera de la última gran cita internacional: las semifinales de la Liga Mundial en 2012.

“Fue algo que me sorprendió y angustió un montón. Fue la primera vez que me pasó y no lo había vivido nunca. Me sorprendió, me amargó y me puso muy triste. Me generó un montón de situaciones internas”, recuerda la delantera que en su pelea por pertenecer a Las Leonas registró la primera caída, pero es consciente de que el combate es largo y que aún tiene varios rounds por delante. “Siento que por ser superchica voy a explotar en cualquier momento”, advierte.

-Si uno quiere repasar tu etapa como Leoncita, piensa que tiene que volver muy atrás en el tiempo, pero no es tan así...
-Es verdad. Hice todos los procesos desde las escuelitas formativas de Buenos Aires. Mi primera convocatoria fue con el juvenil de Buenos Aires cuando tenía 15 años. En 2008 empecé con las Concentraciones Nacionales. Luego se formó el Junior de Argentina y comenzamos a entrenarnos con miras al Mundial de Boston. A su vez, Gabriel Minadeo, que estaba con Las Leonas, le pidió a Guillermo Fonseca, nuestro entrenador, jugadoras del Junior para foguear. Ahí se dio mi primer viaje, a fines del 2008, en la inauguración de una cancha de San Juan. Después me mantuve entrenándome con el primer equipo, y a principios de 2009 se jugó la Copa Panamericana en Bermudas. Ahí viajamos con un plantel superjoven y compartí la experiencia con otras chicas de mi edad. Recuerdo que la capitana era Charo Luchetti.

-Después fuiste al Mundial Junior. ¿Cómo manejaste esa cantidad de torneos en poco tiempo?
-No sé. Era superfeliz. El hockey siempre me apasionó y desde chica solía mirar a Las Leonas, así que cuando empecé a formar parte del grupo estaba chocha, disfrutando y estando muy expectante a todo. Sabíamos que Boston era el único torneo de esas características que íbamos a disputar, así que disfrutábamos al máximo todo. Había cero problemas y era todo felicidad. En realidad no sé si era muy consciente en ese momento de que estaba en los dos equipos.

-Después de Boston te tocó estar en la Champions Trophy 2009, ¿recordás cómo rendiste en ese torneo?
-Era rechica y jugaba dos minutos para darle aire a Sole (García), a Carlita (Rebecchi) o a alguna otra delantera. Tenía minutos en cancha, pero no los que tengo ahora. Era muy chica, tenía 19 años. Jugaba un poquito y para mí era la gloria. En ese momento una está más pendiente de aprender, en ver y escuchar cómo se manejan dentro de la cancha durante un partido internacional. El roce era completamente diferente, por ser seleccionados mayores. Cuando enfrentamos a Holanda, las miraba con admiración. Ahora las veo y siento ganas de tacklearlas (risas). Antes miraba todo con otros ojos.


-Cómo fue la transición en la que cerraste tu etapa como Leoncita y pasaste a ser un Leona?
-La del Junior fue una etapa muy linda, y más aún con el cierre que tuvimos en el Mundial. Una sabe que esa es una etapa que no tiene vuelta atrás, justamente por eso todos te dicen que lo disfrutes al máximo porque es el mejor viaje. Cuando dejé el Junior, no me resultó muy difícil arrancar mi etapa en Las Leonas porque a las chicas ya las conocía y tenía más relación con ellas. En ese momento me enfoqué en seguir entrenándome y apuntando a los diferentes objetivos que venían.

-Ni bien te insertaste de lleno en el mundo Leonas te citaron para un Mundial de mayores ¿Cómo asimilabas todas esas noticias importantes en tu joven vida deportiva?
-Ahora lo pienso y no lo puedo creer. Lo del Mundial fue increíble… Creo que la entrega y el esfuerzo que pusimos todas, en cada momento, fue superintenso. Estaba en el medio de una vorágine por mi reciente entrada y el hecho de estar haciendo algo que me apasionaba. De pronto sentí que pertenecía a un grupo de deportistas a las cuales admiraba desde chica. Fue apostar a entrenarme y crecer. Sabía que iba a tener chances como todas, pero que era muy chica. Eso hacía que fuera consciente de que tenía que dejar todo y trabajar al cien por ciento para ganarme un lugar. Por suerte el cuerpo técnico también confió en mí y se la jugó. Dieron la lista y estaba adentro. Todo se fue dando, fluyó. Ahora lo pienso y creo que fue todo perfecto.

-¿Cómo recordás a aquel grupo?
-Era un grupo muy cálido. Con Sole (García) pegué una relación muy buena desde la primera vez. Si me preguntás, no sé por qué, pero fue una cuestión de piel. Fui un poco su protegida o, de las más chicas, con las que ella podía charlar. Nos juntábamos a tomar mate y la relación se fue construyendo con los entrenamientos y en el día a día. Eso también me ayudó a estar más cómoda y sentirme yo misma desde el minuto uno. Una de las cosas que siempre rescato de las más grandes de ese grupo es que te marcaban la experiencia desde el respeto y no por imposición.

-¿Cómo se dio el momento en el que se dio la lista y te mencionaron?
-No lo podía creer… En el momento sos la persona más feliz del mundo. Ya pertenecer al grupo era fuerte, y sabiendo que podía estar como tranquilamente podía no estar. Era chica y el entrenador podía elegir a otra.

-Poco tiempo después del Mundial te fuiste a Holanda ¿qué fue lo que generó esa decisión?
-Me fui tres meses y volví. Sólo me fui a hacer la experiencia, porque no había ningún compromiso importante con Las Leonas. Por ahora no tengo pensado irme a ningún lado.

-¿Tampoco irte a jugar a un club de la “A”, teniendo en cuenta que Banco Provincia está en la B?
-Muchos periodistas preguntan cómo hago para estar en el equipo si mi club es de una categoría más baja. Para mí no tiene nada que ver, es mi camiseta, mis amigas y el motivo por el cual elegí el hockey. Y si llegué hasta acá por el esfuerzo, seguiré buscando el camino para mantenerme y no me pasaré a un club de la “A” porque se entrenan dos veces más. La parte afectiva de mi club es mucho más fuerte que decir “yo para estar en Las Leonas tengo que cambiarme de club”.

-¿Nunca te lo exigieron desde el seleccionado?
-No, por suerte nunca tuve que pasar por una situación de esas. También se que no tengo que pasar por esa decisión porque en el seleccionado, hoy en día, se entrena mucho. Eso hace que, de alguna manera, tu club quede en segundo plano. La exigencia es tan alta en Las Leonas que con ese trabajo suplís por todos lados si es que te falta algo por jugar en el club. Igual, tampoco estoy tan mal, estamos en la B y el gran objetivo es llegar a la A, pero lo quiero hacer con mi gente, con mis colores y con mi club. No se me cruza por la cabeza ponerme una camiseta de otro equipo de Argentina.

-En poco tiempo te afianzaste en Las Leonas, tu nombre empezó a tener peso y pasaste a ser una de las intocables del equipo.
-Yo no diría intocable, porque ninguna lo es. Puede que yo no sea consciente de eso, porque siempre fui de saber que me tengo que esforzar para estar y que todas tenemos las mismas chances. A medida que van pasando los torneos, una sí siente que va ganando experiencia. Sabés cuándo estás bien y cuándo estás más o menos. Jugar más partidos y tener roce internacional te ayuda y te da herramientas. Todo eso hace que inconscientemente una no esté parada como cuando recién empieza. La sensación es diferente. Por más de que estés desde hace años en el seleccionado, dejar todo en los entrenamientos por tu bien y por el bien del grupo, es algo que no se negocia.

-Después del Mundial y hasta los Juegos Olímpicos te desarrollaste como Leona ¿Qué análisis personal realizás de esa etapa?
-Siento que por ser superchica, voy a explotar en cualquier momento. Fueron años en los que crecí. Al afianzarte y al disputar más torneos, te permite encarar los objetivos y los torneos con otra mirada, con otra expectativa. Conscientemente una va poniéndose objetivos para cumplir y seguir creciendo. El 2011 llegó con los Panamericanos, donde no nos fue muy bien, pero fue mi primer torneo de esas características. Después vinieron los Juegos Olímpicos, con toda una experiencia nueva y soñada. Por naturaleza, con el pasar del tiempo, una va queriendo un poquito más. No se conforma con pensar que ya está dentro del grupo. Además, soy chica y tengo un montón de cosas por aprender y por mejorar. De eso soy superconsciente. Ahora que lo pienso y repaso año por año lo que hice, tomo noción de que lo que viví desde mis 20 años hasta acá, fue de lo mejor que me puede pasar en la vida deportiva, si es que amás al hockey. No cambiaría nada.

-¿Acostumbrás a parar la pelota y analizar dónde estás parada?
-Creo que después de que pasa todo, una toma idea de lo sucedido. Hace poco se cumplieron tres años del Mundial y me puse a ver los videos que aparecían en YouTube. Ahí vi como el estadio explotaba y nuestro llanto durante el himno. Es en ese momento cuando te das cuenta y te ponés a pensar la dimensión de lo que pasó. Hace que, por ejemplo, hoy por hoy valore más la medalla de plata que se ganó en Londres.

-No deja de llamar la atención lo intensa que fue tu vida deportiva en estos años. Te tocó vivir los torneos más importante a nivel mundial siendo muy joven...
-Está en uno querer más. Jugué un Mundial y estuve pocos minutos en cancha por ser muy chica. Ahora quiero jugarlo en 2014 y hacerlo con más minutos en cancha y disfrutarlo de otra manera. Todos los torneos son diferentes por más de que lo hayas jugado mil veces. A la Champions Trophy la disputamos muchas veces y mi última en Rosario no tuvo nada que ver con la primera en 2009. Si me ponés ahora un Trofeo de Campeones en frente, lo quiero ganar. Una va cambiando como jugadora y quiere encarar a las diferentes competencias de otra manera.

-En 2010 eras de las más chicas y ahora te toca estar en otro lugar.
-Exactamente, vas subiendo un poquito la escalerita. Ahora las más chicas son otras y yo estoy como en un grupo intermedio. No soy de las más grandes, ni de las más chicas. Van pasando los años y es normal que se de así.

-Después del paso de Retegui al frente de la Selección, se da la llegada de Marcelo Garraffo, ¿cómo te sentiste vos en el equipo durante ese corto periodo de tiempo?
-Bien, la verdad es que estuve muy cómoda. Creo que sólo tuvimos partidos en una serie en Nueva Zelanda y en Rosario. Fue muy poquito la verdad, pero creo que el grupo se sentía cómodo. Estábamos bien entre nosotras y bien en cuanto al juego. Con el Chapa habíamos ganado todo y empezábamos una nueva etapa desde cero, con alguien con el que no sabíamos cómo nos iba a ir. Teníamos muchas energías para encarar el proyecto. Habíamos logrado afinar ideas en cuanto a lo que ellos nos pedían y lo que nosotras hacíamos dentro de la cancha. En líneas generales el equipo estaba cómodo y en armonía.

-¿Fue tan así? ¿Todo lo que se entrenó salió en ese poco tiempo?
-Todo lo que se entrenó ese tiempo, salió. No me preguntes por qué. No sé si fue de casualidad o porque se entendió en ese momento. Se sintió una tranquilidad interior en el grupo, porque lo que habíamos apostado durante ese mes se pudo plasmar y nos dio muy buenos resultados.

-Claro, y al poco tiempo se da la llegada de un nuevo cuerpo...
-Fue una situación a la que no estamos acostumbrados como equipo. Ni individual ni grupalmente. Como equipo en sí nos descolocó la vorágine que se armó. Somos más de dedicarnos a entrenarnos y no somos de salir en todas las notas con líos de por medio. No somos un equipo tan mediático en ese sentido. De repente sabíamos que el cuerpo técnico con el que veníamos trabajando no iba a estar más y no sabíamos quiénes venían. Eso nos hizo sentir en una situación en la que no estuvimos del todo cómodas como equipo pero bueno, fueron las reglas del juego y lo que pasó en ese momento. Cambió la Confederación, cambiaron los dirigentes y así como cambiaron los dirigentes, se cambió al cuerpo técnico. Ahí se notó la capacidad que tiene el grupo, y es algo que me gusta destacar, el tratar de adaptarnos a todo. Somos un equipo que siempre pone por delante la camiseta argentina y eso nunca lo va a negociar. Creo que eso es lo que hace que el equipo pueda reponerse de un montón de situaciones que hayan afectado al grupo y al equipo. Tuvo que ver con aceptar trabajar por Argentina, pese a cualquier circunstancia.

-Al poco tiempo se inició la puesta a punto de cara a la Liga Mundial, pero con un nuevo cuerpo técnico ¿Cómo te viste vos en esa preparación y cómo viviste la no citación?
-Yo venía entrenándome como siempre, y lo hice como lo venía haciendo con Garraffo. No había cambiado nada en la forma de entrenarme o jugar. El entrenador puede elegir a quien quiera o a quien más le guste teniendo en cuenta lo que necesita. Me tocó que por ahí no me elijan o no cuenten conmigo para ese torneo. Obviamente fue algo que me sorprendió y angustió un montón. Fue la primera vez que me pasó y no lo había vivido nunca. Me sorprendió, me amargó y me puso muy triste. Me generó un montón de situaciones internas, pero gracias a Dios conté con el apoyo de la familia, los amigos y el club. Si me preguntan qué fue lo mejor que me pasó al no quedar en esa lista, respondería que fue ver cómo reaccionó la gente que pertenece y que no pertenece a mi alrededor. Sentir ese apoyo me hizo pensar que por ahí la situación de la lista me sirvió para ver que hay gente que confía en una. La tristeza no llegó sólo por no representar a Argentina en el torneo, también porque con las chicas tengo una muy buena relación y la disfruto fuera de la cancha. No iba a poder compartir con ellas, pero bueno son las reglas del juego y no quedaba otra que aceptarla.

-¿Cuál fue tu primera reacción al no escuchar tu nombre en esa lista?
-Se me cayeron las lágrimas, pero no hice un escándalo ni nada. Fue una situación superrara, por cómo se dio todo. Me quedé apartada con varias de las chicas charlando y hasta no charlando, porque también hubo un silencio en el que nos quedamos mirándonos todas.

-Imaginamos que la primera pregunta que se te viene a la cabeza en ese momento es ¿por qué?
-Fue una situación que por ahí no se da en todas las listas. En otro momento de mi vida, tal vez yo agarraba mis cosas y me iba más tranquila. Aquí las chicas se quedaron a charlarme y yo tampoco me quería ir. En ese momento sabía que después hablaría con el cuerpo técnico para saber qué tenía que mejorar o cambiar, porque realmente no sabía el por qué. Obviamente una iba a encarar el tema para ver qué querían o pretendían que mejore para volver a tener mi oportunidad de estar, porque me interesa seguir creciendo como jugadora y estar en la Selección y disfrutar de lo que vengo haciendo desde hace cinco años. El tiempo sirvió para que podamos conocernos más, porque había sido muy poquito el tiempo que llevábamos entrenando hasta la Liga Mundial. Yo no me quería quedar con ninguna sensación rara y hablar para poder mejorar.

-¿Y tuviste una respuesta?
-Sí, pude hablar con ellos sin ningún problema.

-¿Y eso lo pusiste en práctica?
-Sí, pude enfocarme y estar más en sintonía con lo que ellos querían de mi como jugadora.

-¿Cómo canalizaste ese golpe al no estar en Londres, para las semifinales de la Liga Mundial?
-La pasé muy mal en el medio del viaje, mirando todos los partidos y demás. Fui formada para poner siempre al equipo por sobre todo lo demás así que obvio que vi todos los partidos. Estuve en contacto todo el tiempo con las chicas para desearles suerte y poder asistirlas en todo lo que sea. Ver si estaban bien o mal. Les brindé mi apoyo en todo momento. Lo recuerdo y hasta por ahi me pone un poco mal toda esa situación, pero son momentos que una tiene que superar y en el fondo, en algún punto, sacaré cosas positivas por no haber estado. Mientras tanto yo seguí entrenándome con el Junior y traté de ponerle más trabajo al club, al que le suelo sacar tiempo por el seleccionado. Le dediqué tiempo también al estudio (Derecho) y estuvo bueno, metí más materias que nunca (risas).

-Claro, canalizaste por otros lugares..
-Sí, por lugares que cuando estás en el seleccionado no tenes tiempo, porque te la pasás entrenándote o en algún viaje. Me pude juntar con mis amigas y salir a comer. Por suerte pude estar en el cumpleaños de dos de mis mejores amigas. Mi familia me supercontuvo y para mi fue importante.

-¿Viste algún partido sola o siempre lo hiciste acompañada?
-Siempre lo hice acompañada, pero no porque buscaba a alguien sino porque se dio así. Me acuerdo que un partido lo vi con papá en el bar de Regatas de Avellaneda, porque ese sábado las chicas jugaban ahí. Llegué al lugar y le pedí al encargado que me pusiera a Las Leonas, cual fana al lado de la tele.

-Bueno, pero eso te permitió verlo desde afuera como lo hace toda la gente que las sigue...
-Sí, obvio. Hacía cinco años que no veía a Las Leonas por la tele. Lo traté de aprovechar por el lado de disfrutar todo lo que no podía hacer por las giras. Así también suelo disfrutar de los viajes cuando me toca. Me cargué de energías por todos lados.

-Cuando te tocó volver a los entrenamientos, ¿lo viviste como algo normal?
-Me dije que todo era una situación pasada y que no podía colgarme con eso, porque era algo que no me ayudaría. Hice punto y aparte y empecé de cero con la cabeza más despejada. No me costó, lo encaré como siempre. Creo que no tengo que ser diferente a lo que soy para tratar de estar o no estar. Yo soy así y después se ve.

-¿Pero en tu cabeza estaba la idea de recuperar un lugar que era tuyo?
-Es que no sé si es un lugar que yo perdí. Nunca lo sentí así. Sentí que estaba de vuelta e internamente me dije que no podía quedarme atada a esa situación, algo que me ponía mal o me angustiaba. Lo dejé de lado y empecé a disfrutar de vuelta. Es algo que va fluyendo. Los entrenadores son entrenadores y saben lo que quieren, necesitan o eligen. Son sus decisiones y hay que respetarlas. Te puede gustar o no, pero hay que respetarlas por sobre todas las cosas.

-Esa no citación ¿te hizo sentir alguna especie de temor cuando se dio la lista para la Copa Panamericana en Mendoza?
-Sí, obvio. No sé si la palabra es temor, pero sí es ir con el pensamiento de que diste lo mejor y que la decisión no está en nuestras manos. El tema es que siempre fue así. Uno hace todo lo que está a su alcance y después, el que decide es otra persona. Creo que una debe estar tranquila con su interior.

-¿Creés que esa decisión te hizo crecer?
-Sí, en el fondo sí. Hoy por ahí no lo veo tanto, pero yo sé que sí. Me voy a ver más fortalecida en algunos aspectos.

-¿Pensás que en el futuro o vas a sentir como algo que te marcó?
-Creo que después de esa lista por ahí me empezó a florecer esa especie de inseguridad cuando llega ese momento. En realidad no sé si es de insegura, pero es esa misma situación la que se repite. Es un poco de lo mismo, pero después ya queda en una sentir que dio todo, que se entrenó y que dejó todo. Después, más no puedo hacer. No me siento marcada ni creo que sea algo que me acompañe el resto de mi vida, eso seguro.

-En la Copa Panamericana jugada en Mendoza, volviste a vestir la camiseta argentina, ¿cómo lo viviste?
-Disfruté mucho del torneo y no sólo adentro de la cancha, sino también afuera con las chicas. Me divertí mucho. Obviamente cumplir el objetivo grupal estuvo buenísimo. Además, haberlo ganado en Argentina, con la gente, estuvo bárbaro.

-Marcaste el único gol de la final, ¿lo sentiste como algo especial?
-Lo sentí como algo especial porque era un partido muy cerrado el que costó que se abriera. Fue el único gol y me puso muy contenta haber convertido para colaborar con equipo y que eso nos diera la tranquilidad para ganar. Obviamente, a nivel personal y como delantera, siempre es lindo hacer goles.

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